Si te dedicas de forma profesional al adiestramiento y educación canina sabrás que una parte esencial para abordar un problema de comportamiento es la extracción de información en el momento de la evaluación.

¿De donde vamos a sacar la información? La vamos a obtener de una observación directa del perro y de la que nos facilita las familias.

Cuando observamos al perro, debemos analizar su grupo social, sus rutinas, el entorno por donde se mueve, identificar qué factores desencadenan su comportamiento, etc.

Sin embargo, no podemos olvidar que gran parte de la información nos la va a dar la familia.

Uno de los objetivos primordiales es reunir toda la información posible mediante entrevistas semi-estructuradas para poder entender cual es la problemática a la que nos enfrentamos y así establecer unas pautas de intervención con el perro.

¿Qué tipo de preguntas tienes que hacer?

Cuando nos piden una evaluación nos encontramos situaciones que están generando un problema ocasionado por el perro o alrededor del mismo (ejemplos: ansiedad por separación, agresividad, etc).

Esta problemática genera en la familia preocupación, frustración, tristeza, impotencia, etc. Por ello, vamos a buscar que a través de preguntas y afirmaciones conseguir un efecto “de alivio”.

En las afirmaciones, generalmente se exponen temas, opiniones o visiones mientras que en las preguntas hacen surgir temas, posiciones o visiones, es decir, las preguntas tienden a pedir respuestas y las afirmaciones tienden a ofrecerlas. De la misma manera, las preguntas pueden hacerse en forma de afirmaciones y viceversa.

Ejemplo de pregunta. “¿qué hace cuando su perro ha hecho algo mal?”
Ejemplo de afirmación: “entonces, usted hace esto cuando el perro ha hecho algo mal y menciona que no le funciona”

En primer lugar, debemos crear una alianza con las familias, a través de las preguntas que realizamos y la comprensión de la complejidad del problema, daremos apoyos ante las situaciones de adversidad mostrando empatía.

Evaluación centrada en las familias

En esta primera parte, la evaluación va centrada en la persona, identificamos cuales son las fortalezas (recursos) de las familias.

¿Qué significa identificar las fortalezas?

Muchas de las familias van a mostrar un sentimiento de culpa, se achacan ser los principales culpables del mal comportamiento de su perro.

En todo el proceso de intervención, tenemos que reflejar las cualidades positivas de las familias.

En los programas de intervención que realicemos, no debemos proponernos el objetivo único de resolver los problemas, sobre todo vamos a promover las competencias de las familias que van a permitir gestionar adecuadamente situaciones a las que se tengan que enfrentar.

Partir de la experiencia

Partiremos de las ideas, percepciones y prácticas previas que tienen las familias sobre las necesidades, el comportamiento y la educación de los perros. A partir de aquí, nos centraremos en un proceso de construcción de conocimiento a través de las experiencias y las prácticas que realicemos con ellas y el perro.

De esta manera, a través de que las familias reflexionen sobre las nuevas prácticas y los efectos que generan, conseguiremos construir conocimiento.

Por ejemplo, preguntaremos a la familia la manera de comunicarse que tiene su perro, si dicha familia no conoce las señales de calma debemos enseñarles cómo y cuando observarlas y su interpretación correspondiente.

A través de varias situaciones a las que nos expondremos con el perro, mostraremos a las familias aquellos movimientos corporales que realiza el perro y su significado.

Cuando las familias empiecen a observar con mayor frecuencia esas señales que antes pasaban desapercibidas, conseguiremos un cambio en su estructura de pensamiento relativo a la comunicación del perro.

Obstáculos en la evaluación

En numerosas ocasiones, cambiar las percepciones y creencias de las familias es una tarea ardua.

En el mundo del perro, existen muchas falsas creencias sobre su comportamiento y educación que han perdurado durante décadas.

En esta parte de la evaluación o intervención es donde nos encontramos un obstáculo común en la mayoría de los casos.

Una de las falsas creencias que obstaculizan o dificultan la intervención es la búsqueda constante de los perros para posicionarse por encima de una jerarquía social y dominar de esta manera sobre los humanos y otros animales, siendo los “líderes de la manada”.

La manera de cambiar y controlar el comportamiento de los perros y hacerles “saber” que las personas son aquellas que están en la punta de dicha jerarquía, se realiza a través de la imposición y los castigos, es decir, de la sumisión del perro.

Nuestra forma de entender y abordar el problema, entendiendo la naturaleza social y biológica del comportamiento del perro, es totalmente diferente a lo que se ha visto desde hace décadas, evitamos cualquier técnica aversiva como los castigos, la sumisión del perro o el continuo ímpetu a decirle al perro lo que NO tiene que hacer.

En este sentido, una de las reflexiones a las que hemos llegado tras años de experiencias de trato con las familias, es la importancia del entendimiento, colaboración y participación que se requiere para poder obtener unos resultados satisfactorios.

Para que exista esta colaboración se necesita un cambio conceptual en el entendimiento de cómo piensan, sienten y actúan los perros y la manera de conseguir una convivencia sana.

La educación canina va mucho mas allá de solucionar los problemas que los perros generan. Debemos empoderar a las familias con el objetivo de capacitarlas para la gestión los problemas de forma autónoma en la medida de lo posible.

Sí no se consigue llegar a ellas, transmitirles correctamente cual es la naturaleza de los comportamientos, su forma de comunicarse con el mundo y de la importancia de las técnicas para favorecer la mejoría del comportamiento del perro, encontraremos una familia con poca cooperación y desmotivada.

Es de vital importancia que las familias conozcan la razón que hay detrás de cada pauta de intervención. Si le damos un sentido a las acciones, mayor será la probabilidad de que una familia se involucre al máximo en el proceso y, por consiguiente, obtendremos una mayor probabilidad de éxito.

¿Tratar el Síntoma? ¿Seguro?

En la mayoría de los casos, los comportamientos que se le achacan al perro se quedan en simples síntomas y no llegan a ver la profundidad del problema.

De esta manera, tratar “el síntoma” sin llegar a entender cuales son sus causas reales, de cual es su fuente de origen, para cambiar dicho problema va a resultar muy difícil sin ser consciente de ello (O´Hanlon, 1988).

Es evidente que reunir la información para descubrir algo de la situación, es indispensable para poder acoger de forma adecuada la queja y para desarrollar la comprensión del “terapeuta” y así poder orientarse hacía la situación problema (Tomm, 1998).

En base a nuestra experiencia, cuando se lleva a cabo la evaluación, si te ciñes a seguir un guion de entrevista, seguido de una explicación del comportamiento para lograr un cambio en las creencias o percepciones de las familias, lo más seguro es que obtendrás un resultado negativo, provocando una escasa alianza con la familia.

Intervención desde la Reflexión

Según Tomm (1998), en la investigación de la situación problemática surgen ocasiones que se pueden aprovechar para realizar intervenciones en formas de preguntas, es decir, aprovechar ciertos momentos de la conversación para influir en sus concepciones.

Este tipo de preguntas y afirmaciones, pueden llegar a generar ese cambio “terapéutico” en sus concepciones, generando una mayor alianza y cooperación con la familia.

Tenemos que reflexionar la manera de cómo hacemos la evaluación, quizás necesitamos un cambio de estrategia. ¿Te has cuestionado cómo influyen las preguntas que realizas a la familia? ¿Crees que en algún momento han podido sentirse juzgadas?

Tipos de Preguntas En las Evaluaciones

Es importante conocer los tipos de preguntas que vamos a realizar y que funciones tienen. Nos vamos a fijar en el modelo de los tipos de:

  • Preguntas lineales,
  • Preguntas circulares,
  • Preguntas reflexivas y
  • Preguntas estratégicas.

Estos tipos de preguntas no sólo nos van a ayudar a obtener una mayor conciencia del problema, si no que van a ayudar a establecer una estrategia sobre lo que se quiere preguntar (Tomm, 1998).

Preguntas Lineales

Las preguntas lineales son básicas en la obtención de información, nos va a dar información concreta que va a ser básica para el entendimiento de la situación problema. También nos va a dar información sobre las concepciones y percepciones que tienen las familias de las causas del problema.

Este tipo de pregunta es el recurso que más se utiliza junto con las estratégicas. En el caso de que sólo utilices este tipo de preguntas, es posible que no vayas a crear un vínculo con algunas familias.

¿Cuál es vuestro motivo de consulta?, ¿Qué haces sí el perro destroza algo? ¿Cómo le castigas?

Preguntas Circulares

Las preguntas circulares, nos va a ayudar junto con las lineales a concienciar a la familia a que explore el origen y los resultados de diferentes situaciones que se han planteado.

Nos permitirá ver la conexión de los acontecimientos del problema, generando una aproximación a la comprensión del origen del problema.

¿Cómo notas que el perro está arrepentido? ¿Crees que el perro sabe que lo ha hecho mal?

Preguntas Estratégicas

Preguntas estratégicas, vamos a poder identificar cuales son los factores que están manteniendo o empeorando el problema, hay que tener especial cuidado ya que pueden llegar a ser intrusivas, pudiendo llegar a ofender con este modo de indagación.

Algunas de ellas son: ¿qué pasaría si en vez de pegarle lo ignorases?, ¿has probado a enseñarle que no puede hacer eso?, ¿Crees que lo hace por venganza hacia vosotros?

Preguntas Reflexivas

Las preguntas reflexivas van a jugar un papel fundamental para la resolución del problema. Es necesario hacer ver a la familia la posibilidad de nuevas rutas de actuación y llegar a un acuerdo.

Estas preguntas van a ayudar a la reflexión de sus propias concepciones y actuaciones para poder ver sus soluciones intentadas y así establecer nuevas pautas de actuación.

En este sentido, ante la problemática expuesta anteriormente, este tipo de preguntas van a ayudar al cambio de concepciones que se pretende conseguir.

¿Qué os ayudaría a estar mejor con el perro?, ¿En que notas que la situación esta yendo a mejor?, ¿Creéis que otro modo de actuación podría ayudar a la resolución del problema?

La Aplicación del Modelo Breve – Estratégico

Centrado en el problema de la persona y poniendo énfasis en las soluciones intentadas, va a ser esencial para cambiar la forma de entender o resolver el problema.

A través de la información obtenida a través de los tipos de preguntas, se organiza la información en función de la queja, las soluciones ineficaces, las excepciones y los objetivos.

Cambio Conceptual

El cambio de las concepciones va a llegar a través de la reflexión sobre las prácticas, por ello, hacerles conscientes de las soluciones intentadas y de los resultados obtenidos, proponiéndoles alternativas de actuación contrarias a la solución ineficaz y explorando y afirmando excepciones puede llegar a aumentar la probabilidad de éxito y una mayor alianza y colaboración con las familias.

(“Entonces, me habéis comentado que darle un golpe, gritarle y decirle ¡No!, no os está funcionando, ¿Qué os parece si probamos a decirle las cosas que hace bien y reforzarlas? )

Conclusiones

Para finalizar este artículo nos gustaría dejar claro que el éxito en este tipo de entrevistas semi-estructuradas y su ejecución en situaciones complejas donde la familia puede estar sumida en una gran preocupación, dependerá en gran medida de la formación y la experiencia del profesional.

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¡Pídenos información! Un fuerte abrazo, Javi Martínez.

Referencias

  • O’Hanlon, W.H. (1988). Solution oriented therapy: A megatrend in psychotherapy. En J. Zeig & S. Lankton (Eds.), Developing ericksonian therapy: State of the Art. New York: Brunner Mazel.
  • Tomm, K. (1988). Interventive interviewing: Part III. Intending to ask lineal, circular, strategic, or reflexive questions?. Family process, 27(1), 1-16.