Bienvenido a la entrevista de hoy con Enrique Solís de LealCan.

 

En el mundo de la educación canina, hay nombres que resuenan como pilares fundacionales. Figuras que no solo han visto evolucionar la disciplina, sino que han sido agentes activos de ese cambio.

Uno de esos nombres es Enrique Solís, fundador de LealCan Adiestramiento en Madrid, y una de las primeras voces en España que, ya en 2007, hablaba de algo revolucionario: el “adiestramiento canino en positivo”.

Esta entrevista es un viaje en el tiempo. Nos transporta a una época en la que los collares de púas eran la norma en muchos grupos de trabajo y donde la idea de educar sin correcciones era vista con escepticismo.

Enrique fue un pionero, una referencia para muchos profesionales que buscaban una forma más respetuosa y eficaz de entender y comunicarse con los perros.

A lo largo de esta conversación, profundizamos en la transformación de la terminología, analizando por qué la palabra “adiestramiento” ha sido tan perseguida y cómo el concepto de “educación canina” refleja mejor el enfoque actual.

Enrique aborda sin rodeos los debates que han sacudido al sector: desde el uso de etiquetas como “positivo” para llevar a cabo una “caza de brujas”, hasta el sorprendente negacionismo actual hacia principios básicos del aprendizaje como el condicionamiento clásico y operante.

Con más de 30 años de experiencia, Enrique Solís no oculta su propia evolución, reconociendo con honestidad cómo sus métodos han cambiado con el tiempo. Nos ofrece una perspectiva única sobre el uso de reforzadores como la comida, el verdadero significado del bienestar canino y la profesionalización de un sector en constante cambio.

Esta no es solo una entrevista; es una clase magistral sobre la historia reciente de la educación canina en España, de la mano de alguien que ha estado en primera línea desde el principio.

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SEUP: Para empezar, me gustaría abordar un tema central. En 2007, cuando te conocí, se hablaba de “adiestramiento canino en positivo” sin problema. Hoy, el término “adiestramiento” sin apellido está casi perseguido. ¿Por qué crees que ha sucedido esto?

E.S.: Es una cuestión de cómo ha evolucionado el entendimiento de nuestro trabajo. Ahora manejamos términos como “educación canina en positivo”, “amable” o “respetuosa”. Personalmente, me siento cómodo en cualquier línea que busque aportar bienestar al perro. El término “adiestramiento” se ha asociado históricamente a un trabajo más directo sobre el perro para hacerlo más diestro, a veces sin implicar tanto a la familia. En cambio, “educación” encaja mejor con lo que hacemos la mayoría: trabajar con los guías para que ellos enseñen a sus perros.

Nuestra empresa se llamaba inicialmente “Lealcan Adiestramiento”, porque era el término que la gente buscaba. Sin embargo, en mi día a día, cada vez uso menos esa palabra porque lo que hago es educación. No creo que haya que demonizar la palabra, pero entiendo el trasfondo. Viene de métodos más antiguos y por eso la tendencia es moverse hacia “educación canina”, especialmente cuando trabajas a domicilio, donde el objetivo es enseñar a la familia a gestionar a su perro.

 

SEUP: Es un debate que parece existir solo entre los profesionales. La sociedad en general sigue buscando “adiestrador”. ¿No es darle la espalda al consumidor?

E.S.: Totalmente, pero es nuestra labor ir guiando ese cambio. Nosotros, desde el principio, hemos trabajado siempre con la persona presente. Nunca hemos seguido el modelo de “me llevo al perro, lo adiestro y luego te lo devuelvo”. Creemos que la familia tiene que aprender desde el minuto uno, en la parte difícil, que es su día a día. Si no están presentes, ¿cómo van a aprender a manejar las situaciones reales? Por eso, para nosotros, el término “educación” tiene mucho más sentido y nos sentimos más identificados con él.

 

SEUP: Alrededor del 2008, surgió la Asociación Española de Educadores Caninos en Positivo, un paraguas que parecía unir a todos los que seguían esta filosofía. Sin embargo, pronto empezó a dividirse. ¿Crees que la etiqueta “positivo” se ha usado como una especie de “caza de brujas” para señalar quién lo es y quién no?

E.S.: Sí, ha pasado. La educación canina en positivo es más una filosofía que un protocolo estandarizado, por lo que está abierta a interpretaciones. Esto ha llevado a que algunos la usen para señalar a otros. A mí me ha pasado encontrarme con gente que dice trabajar en positivo y luego descubres que no es así.

Por eso es importante aclarar qué es y qué no es.

Hay algo básico: en las líneas de educación en positivo no se utilizan correcciones de forma consciente. No se trata de si usas premios o no, porque hasta el adiestrador más tradicional usa algún tipo de reforzador. La diferencia clave es la eliminación consciente del castigo.

Si eres el mejor padre del mundo el 95% del tiempo, pero en el 5% restante le das un tortazo a tu hijo, no eres el mejor padre del mundo. Con esto pasa igual: o trabajas bajo esta filosofía o no. Usar la etiqueta para atacar está mal, pero usarla para aclarar y definir qué es un trabajo respetuoso me parece necesario.

 

SEUP: Has mencionado algo interesante: “no se utilizan correcciones verbales”. ¿Ni siquiera un “no”?

E.S.: Dentro de una aplicación estricta de la filosofía, no. Una corrección verbal como un “no” es una forma de castigo. Por eso, cuando alguien me dice que trabaja en positivo y luego afirma que su principal herramienta es el “no”, sé que no ha entendido la base. No es para demonizar a esa persona, sino para explicarle que su método, aunque válido para él, no se enmarca en lo que definimos como educación canina en positivo.

 

SEUP: Otro debate actual, casi un negacionismo, es el rechazo a los principios del aprendizaje como el condicionamiento clásico y operante. En 2007 era la base de todo, y ahora hay corrientes que lo persiguen. ¿Por qué?

E.S.: Es un punto radical y, en mi opinión, un error. Un educador canino debe conocer cómo funciona la mente de un perro, y eso incluye los principios del condicionamiento.

El problema es que a veces se asocia el conocimiento de estos principios únicamente con la parte más conductista, olvidando las emociones. Pero no son excluyentes.

Necesitamos comprender la base del aprendizaje para luego poder trabajar sobre las emociones que llevan a un perro a comportarse de una determinada manera. Quienes niegan esta base se están perdiendo una parte fundamental del conocimiento y, a menudo, acaban aplicando los mismos principios sin ser conscientes de ello, lo cual es una contradicción.

 

SEUP: Hablemos del bienestar. ¿Qué es para ti el bienestar de un perro?

E.S.: Es una pregunta filosófica, pero para mí, en la práctica, el bienestar canino es cubrir todas las necesidades del perro: sociales, emocionales, cognitivas y físicas. Esto incluye un número de paseos adecuado, estimulación mental y olfativa, y un entrenamiento amable. Lo curioso es que, a menudo, la gente nos llama para mejorar su propio bienestar, no el del perro.

Nos llaman porque el perro les molesta. Nuestra labor es explicarles que ambos van de la mano: si mejoramos el bienestar del perro, cubriendo sus necesidades, mejorará el bienestar de toda la familia. Afortunadamente, cada vez más gente nos llama porque entiende que su perro no está bien y quieren ayudarle, y eso es un gran avance.

 

SEUP: Y otro tema candente: el uso de la comida. Ahora hay gente que afirma que usar comida en el entrenamiento es maltrato. ¿Qué opinas?

E.S.: Demonizar la comida no tiene sentido, igual que no lo tiene demonizar la palabra “adiestramiento”. Cuando llegas a casa de una familia que solo ha sabido regañar a su perro, la comida es una herramienta fantástica para enseñarles una forma de comunicación diferente y mejorar el vínculo.

Ahora bien, ¿se puede hacer un mal uso de la comida? Por supuesto.

Si solo te dedicas a “atiborrar” al perro para que no reaccione, sin enseñarle a gestionar la situación, estás usando la comida como un parche.

Por ejemplo, en un perro con comportamientos reactivos, si solo usas la comida para distraerle y que no vea al otro perro, no le estás ayudando a gestionar sus emociones. El objetivo es reducir la necesidad de esos reforzadores externos a medida que el perro aprende a gestionar mejor las situaciones. Pero eliminarla por completo, sobre todo al principio del proceso, es limitar enormemente a las familias y a los propios perros.

 

SEUP: Llevas más de 30 años en esto. Mucha gente oculta sus inicios si utilizaban métodos más tradicionales. Tú, sin embargo, hablas abiertamente de tu evolución.

E.S.: Es que es lo más lógico. Hace 30 años no había otra cosa. Todos empezamos con las herramientas y el conocimiento que existían, y eso incluía técnicas basadas en la corrección. Para mí, el valor de un profesional reside en su capacidad para evolucionar y aprender. Chapó por quien ha aprendido de una manera y ha sido capaz de cambiar. Lo malo sería seguir anclado en los mismos métodos de hace tres décadas. Haber pasado por ese proceso te da una ventaja: entiendes por qué una familia ha recurrido a un collar de castigo y puedes ayudarles mejor a salir de ahí.

 

SEUP: Eres padre. ¿Animarías a tu hijo a dedicarse profesionalmente a la educación canina?

E.S.: La respuesta políticamente correcta es que haga lo que le haga feliz. Pero siendo sincero, es una profesión muy bonita pero que también requiere mucha dedicación. Mi hijo tiene tres años y le encanta venir al centro canino y estar con los perros. Si el día de mañana le apasiona y quiere dedicarse a ello, por supuesto que le ayudaré en todo lo posible. Pero debe ser un camino que elija él, nunca forzado.

 

SEUP: Para terminar, si tuvieras que recordar un momento, ¿cuál dirías que fue la “edad dorada” de la educación canina?

E.S.: Seguramente justo antes de que nos conociéramos, en esos primeros años en los que empezaba a surgir con fuerza la educación canina en positivo. Era un momento muy difícil, porque ibas a contracorriente de todo el mundo, pero a la vez muy ilusionante. Estabas abriendo un camino nuevo, demostrando que había otra forma de hacer las cosas. Fue una época de mucho esfuerzo, pero también de mucha pureza y convicción.